El tiempo estaba revuelto al igual que mi estómago. Llovía. A penas tenía ganas de salir de casa si no era para acabar con mi vida. Sin ganas de pensar me tumbé en la cama. No podía hacer nada para que todo volviese a la normalidad, solo podría esperar a que el tiempo lo curase todo ¿Cuánto tiempo haría falta para volver a ser yo misma? ¿Años? No me podía explicar qué había hecho para que en un segundo todo mi mundo se quebrase. Mis ojos se inundaron de lágrimas que salían sin permiso alguno. ¿Qué había hecho? ¿Acaso era un castigo de Dios? No lo creía... soy atea, no creo en personas súper poderosas que permitan el dolor de sus "hijos". Dolorida psíquicamente, como si alguien hiciese tanta presión en el vacío que me provocase vomitar, irreprimible, molesto, mortal.
Lucía Contreras
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